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¿Sabías que el primer uso del Botox® en medicina surgió en el ámbito de la Oftalmología?

En este post te contamos la historia del Botox® y algunos de sus usos, tanto médicos como estéticos.


¿Qué es realmente el Botox®?

La Toxina Botulínica, más conocida como Botox® es una toxina producida por la bacteria Clostridium botulinum, que causa una enfermedad llamada botulismo, que se produce cuando se consumen alimentos contaminados. Esta enfermedad ocasiona parálisis motora.


¿Si la bacteria provoca una enfermedad, por qué es seguro utilizarla?

No obstante, NO TE ASUSTES, ya que te vamos a contar el proceso de cómo esta bacteria ha llegado a producirnos tantos beneficios en la actualidad:

  1. En 1895, el Profesor Emile Van Ermengem descubrió que esta bacteria causaba el botulismo.

  2. En 1920, el Doctor H. Sommer, de la Universidad de California, aisla y purifica esta bacteria.

  3. En 1945, el Doctor Edward J. Schantz, de la Universidad de Wisconsin, aisla la toxina de forma cristalina.

  4. En 1950, el Doctor Vernon Brooks demuestra que la toxina provoca la relajación de los músculos al bloquear la liberación de acetilcolina en las neuronas motoras.

  5. En los años 70 se comienza a utilizar el Botox® en medicina.

  6. En concreto, fue el oftalmólogo Alan B. Scott de del Eye Research Foundation de San Francisco quien consiguió curar un estrabismo inyectando la toxina. Solución que resultó ser mucho más segura que las utilizadas hasta el momento.

  7. En el año 1989 se consigue la autorización de la FDA americana y su uso se generaliza para la curación del estrabismo y el blefaroespasmo (espasmos involuntarios que se producen en los párpados).

  8. Actualmente, se utiliza para multitud de casos médicos, como el estrabismo, los espasmos que se producen por diferentes enfermedades neurológicas, el bruxismo, la relajación de los músculos en contracturas crónicas permanentes, sudoración excesiva….

¿Y qué hay del uso del Botox® en el campo de la estética?

Como sabrás, su uso también está aprobado de forma estética.

En este caso, fue la Doctora Jean Carruthers, en 1987, la que se percató de que, al inyectar Botox® para tratar un blefaroespasmo, se producía también una relajación de los músculos adyacentes, eliminando arrugas en el entrecejo y las patas de gallo.




¿Cuáles son los usos más comunes en medicina estética?

En primer lugar, hay que diferenciar la Medicina Estética de la Cirugía Estética.

La Cirugía Estética utiliza técnicas quirúrgicas que requieren anestesia general y, comúnmente, ingreso hospitalario.

La Medicina Estética se realiza a través de pequeñas intervenciones en las que sólo se emplea anestesia tópica o local y mediante las cuales en el mismo día tienes el alta médica.

Aquí están englobados los tratamientos más comunes del Botox®, entre los que se encuentran:

  • Mitigar los signos del envejecimiento.

  • Reducir las líneas de expresión de la cara.

  • Eliminar las patas de gallo.

  • Eliminar las arrugas en el entrecejo.

Esperamos que te haya resultado interesante la historia del Botox® y sus usos.

Si tienes dudas, ¡pregúntanos!

Somos especialistas tanto en los usos médicos en oftalmología como en la medicina estética de las zonas oculares.