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No podría haber quedado más clara nuestra postura, ¿verdad?

A pesar de que las lentes de contacto son utilizadas por muchos por su gran comodidad, pueden comprometer la salud de nuestros ojos si no se usan de forma adecuada.

Estamos en pleno verano, y con él llegan las ganas de quitarnos el calor en piscinas, playas o parques acuáticos.

Para muchos el tema “gafas” puede resultar un incordio ¿Las normales o las de sol graduadas? ¿Qué nos decís de la arena? Y cuando nos metemos en el agua… ¿Qué diantres hacemos con ellas?

Lo sabemos, la tentación de ponernos las lentillas es fuerte, pero has de resistir. ¿La razón? Las bacterias y parásitos que campan a sus anchas en el agua, así como productos químicos presentes en las piscinas.

Es posible, que al ponerse en contacto con la lentilla, estos microorganismos se peguen a ella, se reproduzcan, y al estar en continuo contacto con el ojo, aumenten las posibilidades de infecciones o enfermedades. ¿Cuáles? Tan solo como ejemplo: conjuntivitis bacteriana, queratitis por lentillas, o la temida Acanthamoeba, que podría conducirte a la ceguera.

Os preguntaréis ¿entonces? ¿qué hago?¿Mi destino pasa por no ver tres en un burro este verano? ¡No seas dramático! Fuera del agua puedes recurrir a las gafas de sol, y dentro a las gafas de buceo graduadas.

¿Queréis además un truco low cost? Seguro que conocéis unas fundas de móvil sumergibles que te permiten hacer fotos debajo del agua. Pues bien, son un buen recurso para poner tus gafas graduadas dentro y colgarlas al cuello mientras te estás bañando. Estarán secas cuando necesites utilizarlas.

¡Buena vista y a disfrutar del chapuzón!

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